Es tradición de los peregrinos que después de haber visitado Santiago finalicen el camino aqui en Finisterre, quemar las botas y la ropa que se lleva puesta como acto de purificación para retornar totalmente renovados. Ver como se pone el sol en el mar y sentir el mismo sobrecogimiento que asombró tanto a los romanos es el mejor colofón antes del regreso a casa.
Bota de bronce en homenaje a los peregrinos al lado del lugar donde suelen quemar sus botas.

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